Los detalles olvidados de Los olvidados a 70 años de su estreno

Por: Rafael Aviña


A mediados de los años cuarenta, la ciudad de México padecía los extremos de una modernidad que marcaba de forma tajante la división entre poseedores y desposeídos, tal y como el cine nacional de ese momento se empeñaba en documentar. Las ganancias extra para empresarios y políticos en relación a las inversiones extranjeras eran notorias, a su vez, la corrupción gubernamental y la proliferación de nuevos ricos ampliaban la brecha social y los contrastes se hacían evidentes a pesar del surgimiento de una emergente clase media.


A las fastuosas mansiones ubicadas en las Lomas de Chapultepec, se anteponían zonas como la Candelaria de los Patos e infinidad de asentamientos irregulares que conformaban las famosas ciudades perdidas en las orillas de la capital, y lo mismo sucedía con las diversiones nocturnas. En el México de noche de la época Alemanista (1946-1952), la clase adinerada se daba la gran vida en los cabarets de lujo como el Waikiki, o El Patio y el pueblo tenía a su disposición centenares de antros de mala muerte en las calles de El Órgano o en la zona de Nonoalco y similares.


</