"Peter Rabbit" logra atraparnos con sus ingeniosas y trepidantes aventuras, pero también c

En Las travesuras de Peter Rabbit, un vivaracho, inquieto y anárquico conejo de campo trae en jaque al nuevo dueño de un huerto, en la campiña británica. Todo por obtener la cosecha para su familia de roedores y el resto de los animales del lugar. La rivalidad con el humano irá creciendo de tono, mientras ambos aspiran –de muy distinta manera– por el afecto de la vecina. Sí, un peculiar triángulo amoroso.

Esta comedia familiar mezcla con particular eficiencia la acción y entornos reales con los animales generados y animados por computadora. El personaje de Peter Rabbit, creado por Beatrix Potter y publicado a principios del siglo pasado –entre 1902 y 1912 con textos e ilustraciones de la autora–, es retomado con un ritmo intenso y desenfrenado para las nuevas generaciones. Pero a la vez, el filme logra momentos tan reflexivos como emotivos, que evocan su fuente literaria.

De hecho, la película hace numerosas referencias, que se perciben respetuosas y que resultan gratificantes al espectador. Como la serie de cuadros que aparecen durante la película (alusivas a la obra original), las atractivas y oportunas animaciones en 2D, o el hecho de que el personaje de Rose Byrne (encantadora, por cierto) se llame Bea (como Beatrix).

Lo mismo se puede decir del primer acto con el granjero de los libros, el viejo McGregor, interpretado por un irreconocible Sam Neill y la anécdota del espantapájaros, que forman parte del primer volumen.

Sin embargo, la intensidad vertiginosa del antagonismo entre Peter Rabbit y el joven Thomas McGregor, la podemos ubicar mucho más en el tono de series animadas como las de Warner Bros. Los enfrentamientos y persecuciones que vemos en pantalla, son del estilo de las del Coyote y el